Candidato tocando su puerta

 

 

Son cerca de las 12 del día y en el frontis de la Iglesia Matriz de Valparaíso hablan para los periodistas, personajes como: Lily Pérez, Espina y Joaquín Godoy. Pareciera que bailaran una extraña danza al ritmo de los flash que suenan sin cesar mientras repiten discursos aprendidos tiempo atrás.

 

El problema es que ellos no son los protagonistas de esta institución de campaña como lo son los puerta a puerta, sino que, Pancho Chahúan. El mismo candidato ha diputado que salio aunque nadie se lo esperaba, ahora quiere hacer la grande y ganarle a Lavín, un perro grande como me comenta uno de sus colaboradores; mientras camuflado perfectamente muevo una bandera del candidato.

 

Es recordado por sus partidarios, mientras intento sacar alguna anécdota, la campaña pasada cuando Chahúan bajo mucho de peso y las personas no lo reconocían, además de tener los zapatos rotos. (Tenia que hacer algo, si no lo conocía nadie)

 

        Comienza la caminata y mágicamente los políticos antes mencionados se van, tal vez se fueron con la mayoría de las cámaras, de las cuales no hay rastro. Todos caminan escaleras abajo totalmente callados, hasta la batucada que metía más ruido que los parlamentarios esta en silencio mientras se acomodan para empezar, cuando desde adelante Chahúan se da vuelta y grita eufóricamente: ¡Vamos que se puede!

 

        Después del grito del candidato todos saltaron y comenzaron a entregar volantes con cara feliz y con un extraño entusiasmo. Esta abajo en las encuestas, es local, es joven y quiere ganar, es lo que se repite casi como un poema entre todos. Yo, me la comienzo a creer.

 

        Lo primero que noto es que Chahúan se siente cómodo en la calle, con su traje, sus zapatos sucios, saltando de allá para acá con una sonrisa extraña. Habla con la gente, se aleja de la comitiva, como asumiendo que lo que viene atrás de él es un show y lo que vale es lo que él tiene que hacer. Lo sigo en cada una de sus incursiones intentando entender a este sujeto, mi polera roja con su nombre y la bandera ayudan para pasar desapercibido.

 

        En un momento el candidato se queda pegado conversando con una señora, a él no parece molestarle, pero sus colaboradores se inquietan, y lo apuran. En un gesto extraño uno saca de su billetera 2 lucas y cuidadosamente las coloca en uno de los bolsillos de Chahúan, dándole dos palmadas en el brazo. Y como por acto de magia este se da vuelta y se dirige a un puesto de anticuchos donde compra para algunas personas, mientras el come con gusto. Con dos mil pesos que tenia extrañamente en el bolsillo (será una técnica ensayada o mera telequinesis política).

 

        Después del episodio de los anticuchos nada más me sorprendería ese día.

 

Pasa el tiempo y Chahúan debe irse a votar a la cámara el ajuste mínimo al sueldo mínimo, pero no logran despegarlo de las personas, y pareciera que a él tampoco lo motiva mucho. Se acerca a su auto, agradece a sus colaboradores y mira a los jóvenes con poleras rojas palmeteándoles sus espaldas. Se ve feliz. Yo cansado y con menos dudas sobre el candidato, pienso, por lo menos es simpático.

 

        En la segunda misión, me internaré en su oficina para sacarle algunas infidencias sobre su vida y descubrir como es el mundo del congreso. Cambio y fuera.

 

Me gustó este asuntillo. Esperamos con ansias la próxima entrega.

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