Son cerca de las 12 del
día y en el frontis de
El problema es que ellos
no son los protagonistas de esta institución de campaña como lo son los puerta
a puerta, sino que, Pancho Chahúan. El mismo candidato ha diputado que salio
aunque nadie se lo esperaba, ahora quiere hacer la grande y ganarle a Lavín, un
perro grande como me comenta uno de sus colaboradores; mientras camuflado
perfectamente muevo una bandera del candidato.
Es recordado por sus
partidarios, mientras intento sacar alguna anécdota, la campaña pasada cuando
Chahúan bajo mucho de peso y las personas no lo reconocían, además de tener los
zapatos rotos. (Tenia que hacer algo, si no lo conocía nadie)
Comienza
la caminata y mágicamente los políticos antes mencionados se van, tal vez se
fueron con la mayoría de las cámaras, de las cuales no hay rastro. Todos
caminan escaleras abajo totalmente callados, hasta la batucada que metía más
ruido que los parlamentarios esta en silencio mientras se acomodan para
empezar, cuando desde adelante Chahúan se da vuelta y grita eufóricamente: ¡Vamos que se puede!
Después
del grito del candidato todos saltaron y comenzaron a entregar volantes con
cara feliz y con un extraño entusiasmo. Esta abajo en las encuestas, es local,
es joven y quiere ganar, es lo que se repite casi como un poema entre todos. Yo,
me la comienzo a creer.
Lo
primero que noto es que Chahúan se siente cómodo en la calle, con su traje, sus
zapatos sucios, saltando de allá para acá con una sonrisa extraña. Habla con la
gente, se aleja de la comitiva, como asumiendo que lo que viene atrás de él es
un show y lo que vale es lo que él tiene que hacer. Lo sigo en cada una de sus
incursiones intentando entender a este sujeto, mi polera roja con su nombre y
la bandera ayudan para pasar desapercibido.
En un
momento el candidato se queda pegado conversando con una señora, a él no parece
molestarle, pero sus colaboradores se inquietan, y lo apuran. En un gesto extraño uno saca de su
billetera 2 lucas y cuidadosamente las coloca en uno de los bolsillos de
Chahúan, dándole dos palmadas en el brazo. Y como por acto de magia este se da
vuelta y se dirige a un puesto de anticuchos donde compra para algunas personas,
mientras el come con gusto. Con dos mil pesos que tenia extrañamente en el
bolsillo (será una técnica ensayada o mera telequinesis política).
Después del episodio de los anticuchos nada
más me sorprendería ese día.
Pasa el tiempo y Chahúan
debe irse a votar a la cámara el ajuste mínimo al sueldo mínimo, pero no logran
despegarlo de las personas, y pareciera que a él tampoco lo motiva mucho. Se
acerca a su auto, agradece a sus colaboradores y mira a los jóvenes con poleras
rojas palmeteándoles sus espaldas. Se ve
feliz. Yo cansado y con menos dudas sobre el candidato, pienso, por lo menos es
simpático.
En
la segunda misión, me internaré en su oficina para sacarle algunas infidencias
sobre su vida y descubrir como es el mundo del congreso. Cambio y fuera.

Me gustó este asuntillo. Esperamos con ansias la próxima entrega.